Nosotros, parte del pueblo de Dios en esta tierra, declaramos solemnemente que nuestro lazo de unión consiste en nuestra fe personal en Jesucristo, Jijo de Dios e Hijo del hombre, Señor de todo lo creado, sobre quien está fundada nuestra iglesia: en el testimonio de la revelación de Dios en Cristo a través de la Palabra que es fuente inspiradora de nuestra fe; en nuestro consentimiento a la enseñanza de los antiguos símbolos de toda la iglesi, y en aquella sustancia de la doctrina cristiana que es común al Credo Apostólico, al Credo Nicea y a las confesiones de fe de las Iglesias Madres (Iglesia Congregacional, Iglesia Cristiana y Iglesia Hermanos Unidos en Cristo); y en el Espíritu Santo, sello y guía de la Iglesia, quien capacita con poder, da dones y ministerios, santifica y preserva la Iglesia en su peregrinar por este mundo, y quien da testimonio del poder reconciliador de Dios y de la obra redentora de Cristo.
Creemos que Dios el Padre envió a su hijo Jesucristo para redimirnos del poder del pecado y de la muerte; que esa redención se logró por su perfecta obediencia a la voluntad de Dios, su muerte en la cruz, y su gloriosa resurrección y exaltación a la diestra del Padre como Señor y Cristo.
Creemos que el Espíritu Santo obra en los corazones de los seres humanos llamándolos por medio del evangelio al arrepentimiento y fe, despertando en ellos la contrición espiritual por los pecados y seguridad en la misericordia y el perdón divino, creando en cada ser la nueva criatura, y capacitándole con poder para obedecer y cumplir la voluntad de Dios.
Creemos que todos los que mediante la fe en Jesucristo han sido hechos hijos de Dios constituyen la Iglesia de Cristo, el cuerpo místico del cual Él es la cabeza. Creemos que Él ha llamado a su Iglesia a proclamar el evangelio a todos los seres humanos y a ser sus testigos en este mundo tanto en poder como en carácter y conducta.
Creemos que le Iglesia es la comunidad de los fieles donde se opera la reconciliación real entre el ser humano y Dios, donde se derriban las paredes de separación entre los seres humanos y donde se va formando un nuevo pueblo.
Creemos que Dios ha concedido a la Iglesia la libertad en responsabilidad para crear las instituciones y nombrar los pastores y las pastoras que han de servir en las congregaciones localesm así como a los aficiales que han de servir en la institución y en los diversos ministerios. Así mismo, Dios ha dado a la Iglesia los sacramentos del Bautismo y Santa Cena para el fortalecimiento de nuestra fe, y como medios para proclamar la muerte, resurrección y regreso de Jesucristo.
Creemos que son parte esencial en los propósitos de la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico el colaborar en la proclamación del Reino de Dios en favor del ser humano y el fomentar la unidad de la iglesia del Señor. Sustentamos la convicción de que es la voluntad de Dios la unidad de la iglesia cristiana en Puerto Rico, de tal manera que pueda hacerse más efectiva la proclamación del evangelio y el desarrollo de la misión y como señal al mundo de la unidad de naturaleza y propósito entre el Padre y el Hijo.
Creemos que Dios es Señor de todo lo creado y por tal razón la Iglesia tiene relevancia en todo el quehacer humano, no solo en la salvación del alma, sino también en la justicia, la paz, la dignidad del ser humano y los derechos humanos, la ecología, el balance entre progreso y calidad de vida.
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